Hace unos días estuve en México, participando en la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA). Una situación en particular me llamó mucho la atención: en el centro de convenciones donde se celebraba la actividad destinaron dos de los (muchos) baños disponibles para “personas de todos los géneros”. La idea era habiltarlos para todo el que lo necesitara, independientemente de su identidad o expresión de género.

No puedo negar que la primera vez que me acerqué a ese baño me confundí porque automáticamente estaba buscando la señal correspondiente al baño de damas. Al leer el letrero, me pareció interesante -sobretodo porque el año pasado, en la misma actividad de la OEA celebrada en Santo Domigo, hubo todo un desmadre y muchas protestas porque no dejaron entrar a los baños de damas a personas que aun no habiendo nacido mujer, se identifican y viven como tales.

Yo entendí el mensaje y simplemente elegí una puerta al azar y entré a utilizar los servicios. En varias ocasiones escuché a damas y a caballeros (incluyendo empleados de la propia OEA o de misiones permanentes de países ante dicho organismo) expresar su desacuerdo o bien incomodidad con la medida. Les parecía increíble que hubiesen hecho eso, casi una “burla” o bien una falta de respeto al status quo. La pobre señora que limpiaba ese baño se acostumbró a comentar con sus clientes (de ambos sexos) lo “extraño” del asunto; a ella misma le parecía raro.

No estamos acostumbrados a la igualdad. Estamos como borregos siguiendo lo que “debe ser” o lo que “siempre ha sido”, sin darle una oportunidad a siquiera contemplar algo distinto, que si bien puede no sea lo que entendamos como correcto, también puede ser que sea más equitativo para minorías que sufren en carne propia, cada día, “pequeñas” injusticias. Sólo por eso merecen ser opciones al menos contempladas.

No pretendo en lo absoluto intentar explicar o justificar una postura u otra. Respeto las opiniones de cada quién y valoro -demasiado- la libertad de elección. Sólo reflexiono en la importancia de predicar con el ejemplo. Muchos de los asistentes a la Asamblea General de la OEA promueven el desarrollo sostenible, el estado de derecho, la igualdad, el respeto a los derechos humanos, y demás causas. Todos en principio estábamos allí en nombre del diálogo y de la prosperidad de nuestros pueblos… “Más derechos para más gente” significa también tener la capacidad de aceptar que nuestras opiniones y perspectivas pueden no ser las únicas buenas y válidas. 

‘Recalculating’

Posted: June 5, 2017 in As I think it...

Alguien una vez me dijo que en la vida nos balanceamos entre las principales áreas que generalmente priorizamos: familia, trabajo, amor, salud… y que era imposible tenerlas todas “bajo control y en óptimas condiciones” todo el tiempo, al mismo tiempo. Algo así como que había que elegir o conformarse con tener algunas de estas cosas tal y como las soñamos, pero sabiendo y aceptando que las demás van a flaquear de alguna manera u otra.

No me daba la gana de creerlo. Me rehusaba a aceptar que era cierto, que simplemente no podemos tener todo lo que anhelamos, tal y como lo queremos, todos los días de nuestras vidas. 

Todavía no lo quiero creer. Pero desde que escuché eso por primera vez tengo esa reflexión “detrás de la oreja” y me persigue, sobretodo cuando paso, con frecuencia, por alguna situación que la valida. 

¿Será que es imposible? ¿Será que tenemos que equilibrar los estándares para no ser tan exigentes en todo? ¿Será que para poder ser “exitosos” en un área la otra debe necesariamente serlo menos, por el simple hecho de mantenernos con los pies sobre la tierra? ¿Será que debemos recalcular nuestra definición de éxito, de felicidad, y ser más agradecidos con lo que hemos sidos bendecidos? 

Recalculating…

Recalculating…

Recalculating… 

Hace dos años

Posted: March 31, 2017 in As I think it...

Hace justo dos años estaba caminando por las calles de la India, hipnotizada con sus colores y contrastes, sabores, vapores y sensaciones.

Hace dos años estaba viviendo una experiencia increíble e inolvidable con dos amigos que la hicieron aún más especial.

Hace dos años estaba disfrutando de una aventura con la que tenía décadas soñando.

Hace justo dos años fui testigo de que hay que vivir la vida en el hoy y ahora, perseguir las metas y deseos más íntimos, gozarse la bendición de estar, ser y hacer.

Hace dos años, una civilización completamente distinta a la mía me enseñó cómo los humanos somos iguales a pesar de las marcadas diferencias.

Gracias, India, de nuevo. Namaste.

Esa que quiero ser…

Posted: February 7, 2017 in As I think it...

…no cuestiona todo ni sobre analiza nada

…disfruta cada momento de cada día, valora los ahora

…agradece las bendiciones recibidas

…es libre, independiente, maneja su tiempo

…explota su creatividad en su entorno

…siembra semillitas de esperanza

…ayuda al prójimo sin excusas

…fluye con la vida sin pensar en el qué dirán

…viaja y conoce mil culturas

…es espontánea

…no tiene miedo escénico

…se goza la playa, la montaña, la nieve

…construye puentes, nunca muros

…alimenta amistades con detalles inesperados

…acaricia su familia por sobre todas las cosas

…promueve respeto, comprensión, tolerancia

…se opone a las injusticias

…lucha por sus valores y principios

…es optimista, soñadora, luchadora

…cultiva su espíritu emprendedor

…cuenta con una red de apoyo increíble

…es aventurera, se atreve

…escribe libros y blogs

…toma fotografías

…saborea un buen vino

…ama sin límites
Esa que quiero ser… soy yo. Está dentro de mí. ¡Qué importante es recordarnos cada día que somos lo que queremos ser, lo que decidimos elegir!

Valores y principios. 

Posted: January 24, 2017 in As I think it...

A ver, a ver, que esto no es personal. No tengo nada en contra del Partido Republicano ni de quienes simpatizan con el mismo. Puede que no comparta las mismas prioridades o que tengamos definiciones distintas de soluciones a los problemas y necesidades del mundo… y eso no importa tanto; en todos los contextos sucede. Lo que no concibo ni comparto es la forma en la que la persona que lideró ese bando en las pasadas elecciones presidenciales en los Estados Unidos (quien por cierto no es un republicano de tradición y de hecho ha sido abanderado de otros partidos en el pasado) se expresa, reacciona y actúa. 

En resumidas cuentas y de la manera más simple posible, yo no estoy de acuerdo ni nunca compartiré o justificaré la violencia, la agresividad o la actitud de llevarse el mundo por delante cueste lo que cueste.

Esto no es personal ni ligado a política. Es un asunto de dignidad humana, de respeto, de humildad. De valores y principios. 

Mi rechazo al hoy presidente del país que me acoge es mi respuesta natural a lo negativo, a lo pesimista, a lo cobarde, a la mentira; es mi renuencia a aceptar mediocridades o a sobre-valorar el corto plazo sin tomar en consideración la sostenibilidad (social, económica, ambiental); es mi oposición a un modelo de liderazgo que en nada representa lo que yo visualizo como buen ejemplo a seguir ni como referencia para mis futuros hijos. 

Yo todavía no voto en esta nación pero aquí vivo y mi esposo es americano. Aquí trabajo, me relaciono, pago impuestos, y hago compras. Y mi rechazo no implica que quiero que fracase ni mucho menos. Me duele el presente y el futuro de Estados Unidos, casi como me duele el de mi propio país. Por valores y principios, no soy indiferente. Es cuanto. 

A pesar de que ha atravesado no una ni dos sino tres pérdidas de hijos que se fueron a vivir al cielo tras luchar una enfermedad congénita, Katherine es la persona que más energía positiva transmite de todas las que he conocido en toda mi vida. Yo no lo podía ni asimilar ni entender cuando me lo contó. Y lloré por horas en silencio, pues ella me hizo reflexionar y cuestionar mi propia actitud ante la vida. Que nuestros caminos se hayan cruzado es otra de esas “diosidencias” con las que he sido bendecida.

Me considero y muchos alrededor de mí me saben optimista, positiva, visionaria, emprendedora… pero lo de ella es patológico. Ella misma lo describe así: “sufro de optimismo patológico. Soy feliz porque tengo fe en Dios y me agarro de El en todo momento”. Claro que sufrió mucho y atravesó momentos de crisis muy fuertes. Además de ver morir a sus tres retoños a muy corta edad, Katherine enviudó muy joven, perdió a su primer esposo. Es casi inconcebible, una novela pero en la vida real. Y si la conoces no te lo puedes creer. Su aura es mera alegría, ella es noble, genuina, de una empatía impresionante.

Recientemente inició un proyecto llamado KourageLife. Una iniciativa que pretende empoderar para una vida con propósito. Ella cree en el optimismo, cree en el poder del espíritu emprendedor para sanar heridas y superar crisis, cree en que fuimos llamados a servir y a alcanzar una misión en este mundo mucho más grande de lo que nos imaginamos. Y yo le creo a ella.

Les invito a seguir @KourageLife en sus redes sociales y a compartir dicha plataforma con todos aquellos a quienes saben que un poco de energía positiva y fe le haría más feliz, aunque sea por un ratico. Toma coraje ser feliz. Definitivamente #ItTakesKourage.

Y así como quien no quiere la cosa, se termina otro año y empieza otro nuevecito en unos días. No todo fue bueno, color de rosa, mariposas en el estómago o agradable (porque solo somos humanos imperfectos en un planeta lleno de matices). Pero mi balance final es que 2016 fue bueno, muy bueno para mí. Se me abrieron muchas puertas; recibí numerosas bendiciones; me gocé increíbles experiencias y aventuras; superé obstáculos y mejoré algunas debilidades; identifiqué nuevos retos a enfrentar. Viajé, me casé, viajé más (¡y me volví a casar!). Reí, lloré, besé y amé con locura. Bailé. Leí libros que me enseñaron a crecer. Brindé por la vida. Viví. 

Cerré ciclos que vencían; empecé a dibujar círculos eternos; me encaminé a nuevos circuitos donde mi energía fluye sin resistencia. 


Hoy declaro que 2017 será mejor. Nuevos capítulos empiezan; mis horizontes son aún más optimistas y ambiciosos. Sigo soñando con fuerza pero ejecutando cada día acciones concretas (aunque sean bien pequeñas) que me acercan a mis anhelos. Mantendré mi actitud positiva y mi permanente agradecimiento a Dios y al universo por todos los ahoras que recibo, y me dispongo a vivirlos al máximo, como si fuese lo único que realmente importa.

Ciclos. Círculos. Circuitos. Ahoras. De eso se trata la vida. Bring it on! 

Nunca antes escuché su nombre, aunque sí las iniciativas en las que se ha desempeñado (muchas de las cuales existen desde mi infancia y estuvieron presentes en las distintas etapas de mi vida). Confieso que no sabía quién estaba detrás del exitoso programa “Despierta América” de Univisión, quién lideró por décadas numerosas y súper prestigiosas revistas hispanas, ni quién había acompañado a la reconocida Cristina Saralegui por tantos años, hasta incluso haber dirigido su propia publicación editorial. 

Por “diosidencia” de la vida dos amigas dominicanas, en dos ocasiones diferentes y sin saberlo, me empujaron a decidirme y comprar el nuevo libro de Luz María Doria, La mujer de mis sueños. Empecé a leerlo en mi luna de miel por España, en esas interminables horas de vuelo desde/hacia Washington, DC, donde hoy vivo con mi esposo americano. Yo, de sangre dominicana pero ciudadana del mundo, siempre he tenido el alma soñadora y el espíritu emprendedor. Una energía creativa que no sé bien de dónde me nace y que solo crece y crece. Me llena una curiosidad que me obliga a leer con frecuencia y a siempre buscar nuevas maneras de canalizar mis talentos, mis conexiones y redes, mis fuerzas. Y así empiezo a leer a Luzma. 

No creo en las casualidades. Este libro llegó a mi vida como “El poder del ahora” y “Los cuatro acuerdos” llegaron hace varios años y generaron una revolución interna en mí. El timing perfecto. Lo que necesitaba leer para armarme del valor que necesito para emprender nuevos rumbos con firmeza, con alegría, con entusiasmo y mucha fe. Exactamente lo que tenía que saber a mis 35 años de edad para vencer el miedo a sentirme vulnerable; lo que me faltaba para atreverme a tomar decisiones que vengo postergando por excusas autoimpuestas que no tienen sentido, ni pies ni cabezas. 

Puedo y debo hacer todo lo que tenga que hacer para ser (más) feliz, para alcanzar mis sueños (¡que son muchos!). Lo que no es posible es no hacer nada; la decisión de actuar en esa dirección que me apasiona es solo mía y los resultados y consecuencias también míos. Hoy tengo el reto (aceptado) de organizar mis prioridades y mis anhelos, y reinventarme, de nuevo. 

Gracias Luzma, por recordarme que aunque nos creamos Mujer Maravilla, la perfección no existe y esa capa nos pesa y no nos ayuda a volar alto. Gracias por recordarme que es mejor vivir el ahora, feliz y plenamente convencida de que es posible soñar y lograr lo soñado. Me quedo con muchas lecciones de este libro, pero cierro este post con la siguiente: “Uno en la vida no espera a que pasen las cosas, uno las busca y hace que pasen (…). Nadie te podrá quitar ese momento en que tu alma y tú se ponen de acuerdo para soñar”.

Ya ella sabe

Posted: August 18, 2016 in As I think it...

CafeAunque todos los días al despertarme, luego de ir al baño, lo primero que hago es preparar mi greca con café Santo Domingo y esperar unos minutos para disfrutar –primero del aroma- de una rica taza de café criollo, también al llegar a la estación de metro donde se encuentra mi oficina en Washington, DC, voy al coffee shop de la esquina. ‘Regular cappuccino with an extra shot, please’, es mi orden generalmente. Y ya ella sabe.

La chica que está detrás del counter y frente a la súper máquina de café, responsable de ejecutar las órdenes recibidas por los que cobran, se voltea a confirmar que soy yo la que acaba de pedirlo, y al terminar de prepararlo, no tiene que decir en voz alta lo que preparó a ver quién lo compró para poderlo entregar a su destinatario, como hace con las docenas de ‘Tall skim vanilla and hazelnut iced latte’ o alguna otra combinación (loquísima) que muchos gringos se toman cada mañana. No. Ella sabe que ese capuchino con el shot extra de cafeína es mío. Y me lo entrega con una sonrisa, cada mañana.

Pero no siempre fue así. Al principio yo era una más de los miles de mortales que trabajamos en K Street en la capital estadounidense, y que regularmente gastamos una parte de nuestros dolaritos en gasolina diaria para el cuerpo. Tengo más de dos años yendo con mucha frecuencia al mismo café y por un gran tiempo fui anónima; una más. Ya ella me conoce. Ya ella sabe lo que pido, lo que necesito.

No todas las rutinas son malas. Me quejo a veces de algunas prácticas rutinarias, pero la verdad es que no siempre es negativo. Me encanta que la chica del coffee shop, por mi rutina, me hace el mejor capuchino cada día. Y me sonríe.

He estado trabajando en el tema de desarrollo sostenible en los últimos años. A nivel personal me apasiona y he tenido la dicha de poderlo abordar en mi carrera profesional también. He leído muchos libros y artículos, participado en cursos, encuentros, talleres y conferencias, hasta he escrito algunas cosas yo misma… 

Esta semana, en la que estuve dos días en Nassau (Bahamas) en una reunión de la sociedad civil caribeña coordinada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), me ha tocado -sin querer, queriendo- reflexionar sobre la sostenibilidad del turismo. Sin dudas una de las industrias más fuertes y poderosas del mundo, y además una de las principales actividades económicas de mi país. 

En mis estadías en diversos hoteles, tanto a nivel nacional como internacional, he confirmado que la gran mayoría utiliza (a mi entender) el tema de la sostenibilidad como elemento de mercadeo, como una excusa útil para poner un mensaje a sus huéspedes en las habitaciones o en los baños, diciendo que son eco-amigables (y que si les parece bien, les permitan no lavarles las toallas todos los días)… El problema es que ahí no está el problema. 
La sostenibilidad del turismo, desde mi punto de vista, requiere una transformación del modelo completo, no solo de la frecuencia del lavado de las toallas o sábanas (aunque eso obviamente ahorre agua). 

¿Qué hacemos con el impresionantemente alto consumo de plástico en innumerables envases de shampoos, acondicionadores, geles de baño, cremas hidratantes…? ¿Cómo podemos modificar la práctica de poner vasos de plástico o vidrio, envueltos también en plástico, que se colocan en los baños? ¿Qué se puede hacer con la increíble cantidad de desperdicios de alimentos que se pierden cada día? ¿Cómo aseguramos que realmente se clasifiquen los desechos y se recicle todo lo que sea posible reutilizar o transformar? ¿Cómo le explicamos a los turistas el daño que los químicos de sus protectores solares o bronceadores causan a los océanos? ¿De qué manera podemos incitar a que las decoraciones utilizadas en tantos y tantos salones, lobbys y habitaciones sean consistentes con la sostenibilidad ambiental?  

Puedo seguir haciéndome preguntas y cada vez sentirme más lejos de tener todas las respuestas, aunque sé que existen. Muchos esfuerzos positivos y buenas prácticas ya son implementadas en algunos destinos, y son replicables, pero implican inversiones importantes a nivel financiero, además de un cambio cultural y de actitudes. 

Si no se hace algo ahora, más temprano que tarde tendremos que repensar por completo tantas economías que dependen del turismo, incluyendo la dominicana.